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29/01/2014

Lázaro y Estela vertiginosamente: Oír sirenas..., la mirada crítica de Renata Bomfim

Los versos del poema “Ouvir estrelas”, de Olavo Bilac, vate brasileño, hechizan a los lectores. La obra de Pedro Sevylla está hecha de esas materias: belleza y asombro; pero sólo el lector más despierto podrá escuchar el canto que viene de las profundidades del texto, y oír a las sirenas. Esta novela perturba la posición del sujeto contemporáneo, vaciado de las verdades absolutas, siempre en búsqueda y en vía; Ulises buscando la única verdad capaz de salvarlo, el amor: de todos los mitos el más bello, y de todas las realidades la más cierta. 
La relación de pareja aquí tratada, se revela real aunque sea virtual; y muestra el gran poder abrasivo de la palabra: Ahí destaca el poder de la palabra, el poder del deseo sobre la palabra. El efecto es muy real, demasiado real. Penetrar en la intimidad de los protagonistas, sondear sus sueños y fantasías, conocer las flaquezas y facultades, es recibir una lección sobre la autenticidad del amor, ese “não querer mais que bem querer”, cantado por Camões. El lector debe ir más allá de los juicios morales, y de las convenciones sociales, para penetrar en los arcanos de la pasión, del deseo, de la seducción y del amor: laberinto del que nadie sale como entró. Lázaro pertenece a ese pequeño grupo de personas que desciende al ardiente crisol de la felicidad, para recoger la parte que en derecho le corresponde. Estela es Penelope para Lázaro, y la sirena que dirigía el coro, cuando, atado al palo mayor de mi barco,   escuché su canto irresistible. 
Para Estela, Lázaro, además de manantial de placer, es el oído amoroso, el apoyo que ella necesita, un puerto en el dilatado océano de la soledad: Me gusta oírte y contarte mis cosas, me gusta que me digas palabras obscenas mientras nos acariciamos desnudos. El erotismo en la novela llega apremiante, es el hic et nunc, el aquí y ahora del deseo más exigente. No hay futuro, y lo sabemos. Lo más importante es que existe presente, un presente continuo. La búsqueda de la libertad llevó a la pareja virtual a crear un mundo particular. No te parece maravilloso, cervatilla? […] tenemos una casa virtual, somos una pareja virtual: enfatiza Lázaro, y Estela confirma: Lo siento tan vivo que no lo cambiaría por la realidad. Unión tan fértil que llega a generar una hija virtual: Aurora. EstelaLibre, residencia de la pareja, es: un terreno de libertad, donde cada uno puede expresarse, no solo como es, sino como desea ser.En este espacio tan privilegiado, palpita un sentimiento común de admiración, respeto, deseo, estima, amor, amistad, atracción. Y ellos se saben esposos eternos: de una eternidad que ha de durar mientras el amor y el deseo duren. Son desemejantes y lo aceptan: Mi campo de investigación es amplísimo, el cosmos en toda su magnitud. El tuyo se centra en lo doméstico, en el entorno cercano. Abarcas menos, sí; pero lo percibes con una precisión mucho mayor. Luego, extrapolando y generalizando, llegas donde empiezo. Personalidades disociadas: Se me duerme el padre y despierta el macho, el amante. Te pones asertiva y sale el maestro a enseñarte. Soy todos porque tú eres todas. Eres todas porque yo soy todos. 
Lázaro ama a su esposa Amanda, la entrañable Maga: heredera de indígenas tupiniquim brasileños y continuidad de la vida; es animal, vegetal y mineral; es fuego y es aire. Es la naturaleza, lo palpable y lo etéreo. La amistad de Amanda con Sabrina Baccio revela la fuerza de la historia, capaz de unificar amor y amistad en un único sentimiento. Lázaro encuentra en Estela el estímulo amoroso, el deseo fuerte y la acogida sexual que no encuentra en la esposa: Soy tu niña y quiero que me enseñes a quererte mejor…porque más ya no puedo. 
En el juego amoroso, el ser humano utiliza múltiples máscaras y, más que ocultar, revela su posición precaria, marcado por la finitud, ser que no posee atributos divinos, y que para alcanzar el infinito necesita el concurso de otro ser: Anoche, en mi soledad habitual, me abrazaste y mimaste; besaste mi cuello y mi pelo y, después de gozar, me dormí en tus brazos. Pedro Sevylla nos da a conocer mundos que sólo los poetas son capaces de crear, mundos multidimensionales, en los que la flaqueza humana se trasforma en energía, y los valores de amistad y generosidad superan a las mezquindades de la vida diaria. 
El autor no es un simple elemento del discurso; desempeña, además, un importante lugar expresivo en la obra: nos convida a embarcar en su veleiro de papel para ouvir as sereias.

Renata Bomfim

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