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03/05/2017

EL BARCO ERRANTE Y LA PIRAGUA DEL CONSUL (Por Mariano Marín)

Granada 20 de Octubre del 2016
En 1790 en el Cabo de Buena Esperanza, al sur del Africa, cerca del circular antártico, se perdio un barco de guerra del imperio holandes. Un barco artillado y con una tripulación preparada para la batalla en los mares que recorría. El Holandes Errante, era el nombre grabado en la proa sobre la cariatide representativa de La Victoria de Samotrácia. Para esos mismo tiempos en las riveras del Gran Lago de Nicaragua, una piragua se desplazaba del Rio San Juan hacia Granada, en aquellos tiempos el viaje era en botes y lanchas de velas que se movian conforme la velocidad de los vientos y de la marea, y las corrientes del lago; La piragua llevaba al nuevo Consul designado para ser el enlace político y comercial, asi como migratorio, entre Francia y Nicaragua, Horace de Rosé. La peste producida por el colera morbus se habia extendido hasta esa zona, y con mucho temor, los viajes a la zona se realizaban por el transito lacustre. La Piragua del Consul no fue la excepción. La peste les alcanzo en los primeros días del viaje.

El errante barco de la armada holandesa y su tripulación y especialmente el capitán, que cometió muchos crimenes incluido el asesinato de su esposa, además de bejamenes contra la población que afectaba en cada puerto que llegaba, fue alcanzado tambien por la peste, talvez como castigo por los crimenes cometidos, o talvez por la mala salubridad de los mares, o por aquel asinamiento de las embarcaciones de larga travesía. Hendrick van der Decken, capitán de miles de batallas y botellas, recibio la maldición de un viejo sangoma de la tribu Numba, en venganza de la muerte de su hija, asesinada por el famoso capitán. Para librarse de la maldición impuesta por Niami, el sangoma, el capitán debería de bajar a tierra cada siete años y buscar una esposa. Muchas veces lo intentó y muchas tantas oportunidades perdió.
El Consul de Rosé tambien tenía su maldición, el también habia asesinado a su esposa. La condesa de Lyon, Marie d'Angels du Lois. Acaso la peste de la piragua era por ese crimen, y por la venganza de la hija de la condesa, conocida bruja de Lyon, Madame Regine de Clignancourt, causante del sufrimiento de los pasajeros de la piragua que desde que salió del puerto de San Carlos nunca logró llegar a la Granada de sus sueños. Cada vez que se acercaban a un puerto o isla, o islote, aunque ofrecían todos la mercadería y tesoros que llevaban, nunca los dejaban atracar, ni bajarse a ningun lugar, donde pudieran siquiera pasar la noche. Veían las luces de la ciudad de Granada casi tan cerca como al alcance de sus manos y cada vez que iban a tirar su ancla y sus amarres, las corrientes y los vientos se los impedían. Por muchos años deambuló por las riberas y puertos, buscando paz y sosiego. Aparecía sobre todo los días santos, o el dia de los muertos, o por las noches, en Correvientos, isleta del Gran Lago, se veía en noches brumosas y se oian los gritos y lamentos de La Piragua del Consul. Por las islas del lago y de los rios afluentes se contaba la historia de la piragua. Se volvio personaje de cuentos y cantares, hasta el afamado poeta y narrador, Alex Brave, la había hecho famosa en un panfletin de circulación local, que junto con su cuñado Crispín Lopéz publicaban cada quince días en conjunto con la programación de eventos y cartelera cinematográfica de la ciudad; financiados por la Jabonería Primavera, la Farmacia Granada y bares donde consumían e ingerían deliciosos bocadillos y finos licores, en incontables noches de ziribinda y cuentos de camino (o del lago) como éste.
El Capitán van der Dencken se atrevió una vez mas a bajar en Buenos Aires, allá por el año cien después de su partida. La esperanza de encontrar a una mujer que se dignara a casarse con él, era toda su ambición. Un mercader judío, Yuseff Luki, qué sabía de las riquezas del barco y su capitán, no tuvo el más mínimo escrúpulo para ofrecerle a su hija Patricia, en matrimonio. Ella vio la posibilidad de ver el mundo y viajar como una reina por los confines de los mares. Sin pensarlo dos veces aceptó el compromiso. Se celebró esa noche con vinos y corderos. Mas al día siguiente por la mañana el barco partíó sin lleverse a la linda Patricia, quien no tuvo mas que decidirse a continuar la tradicion familair de trabajar para el Mossad. El Capitán van der Decken detras de una cortina de lagrimas veía como se retiraba de las costas su barco, y se adentraba en los mares. Su consuelo sería que, no iba a compartir su dolor y maldición con tan linda descendiente de David. Podría haber tenido un final feliz la historia si ella se hubiese lanzado a las oscuras aguas del Mar del Sur, y con esto salvar a su prometido de la maldición y subir ambos a los cielos para gozar de la dicha eterna. No era ese el destino. Solo le resignó a continuar su viaje por el abismo de los mares y aparecer los días de turbulencia y mareas altas en las orillas de los puertos donde nunca bajaría por el resto de los siglos hasta la venida del Juicio Final.
El Consul de Francia M. Horace de Rosé, al igual que el Capitán, pasaría por los lacustres puertos sin llegar a atracar su piragua. Los gritos y lamentos de los pasajeros y compañeros de su viaje sin fin, le acompañarían por el resto de los siglos de los siglos. Amén.
"Mariano Marín es parte de esa camada de cineastas que en la década de los 80 produjo a sus anchas y que hoy vislumbra un futuro sombrío para el séptimo arte en Nicaragua. Historiador, carismático, neurótico, dictador. Marín es eso y mucho más" (El Nuevo Diario)

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